la musica de las casas
dinamico pedestal,
en las horas mas incognitas,
golpearás tu pecho
saltarás,
y saldrás a rastrillar y juntar en pilas,
cada una de las las hojas del otoño que entra.
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el semaforo en rojo, sobre la calle un auto en trayectoria a la esquina
la vereda: platanos. Arboles alineados, grandes y de bien podadas copas,
y como es primavera, la copa mas alta es de un verde saturado que vibra,
algunas baldosas salidas aca y alla (como un rompecabeza donde algunas piezas se perdieron).
Hierbas crecidas al rededor de los arboles. Pastos salvajes y de tipos diversos.
Casa de todas arquitecturas distintas, funcional, simple.
También de todas las épocas, y que forman una muralla uniforme alrededor de la manzana.
(Como columnas Romanas de granito, levantando hoy en dia templos d eotras religiones)
Me agradan estas arquitecturas antiquisimas:
siento todo un escenario, siento el tiempo y, por dar un ejemplo burdo: el desgaste de las telas en los vestidos que han apoyado en estas paredes, en espera de un evento que sucedería en ellas. Digo, la charla con el vecino, la espera de un taxi, un amor que viene de Buenos Aires, se baja en la rotonda de la autopista y camina por la rambla hasta la calle 117. Los aguaceros y las estaciones. Montones de hojas apiladas. Suceder de los años.
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Yo paso por esta escena en un Uber, que me lleva pronto, mientras relojeo a ver si hacen efecto las pastillas. Ya estoy medio variado. El transito es caótico, aun en las calles mas vacías. Pasan motos haciendo willy. Abro y cierro los ojos alucinado. Perros que cruzan la calle por la mitad de la manzana. El bosque Platense, la cancha de gimnasia y el edificio de fiscalía. Calles raras y adoquinadas por las que nunca anduve. El barrio de la zona roja por fin y entro a sentir una musica que ya se colaba por las ventanas de la fabrica abandonada.
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Y me pasan a buscar, y me llevan a la estación de trenes. De ahí subo el punte y espero buscando algún entretenimiento.
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Cruzo la calle y emprendo una caminata large e incognita.
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El tren que viene a marcha y avisa que esta por cruzar el paso nivel. Subo, subo, subo. En distintos tiempos, pero siempre en la misma cabina y el mismo espacio.
Trenes de diversos tipos y distintas coberturas.
Algunos de estilos antiguos, con paredes de chapa y ventanas con persianas metálicas.
En fin, toda una serie de movimientos que me vienen a la mente cuando pienso en un edificio.
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Ahora, si cada casa y edificaciones disparan estos significados, pasear es como escuchar una poesía: distinta, renovada y bien sentida. Es una musica y una serie de colores, olor, sensaciones.
Creo, así es el típico barrio de Ginebra. Sentido, con personalidades fuerte y escondidos atrás de fronteras, de guardianes generosos. Ir en bicicleta por las bajadas, prediciendo pocos autos por las distintas calles entrantes después de curvas. La velocidad, no solo en una calle incognita, sino que el pueblo tampoco ha sido nombrado por tantas lenguas, es antes que nada algo bien sentido y que me obliga a cambiar el modo en el que pienso.
Quiero dejar de describirlo y decirlo de una vez: es una musica y una serie de sentidos que uno tras uno se proyectan en una mas pura idea.
Me imagino que así será interpretar una partitura. Me imagino que asi piensa un relampago... si es que estos llegaran a tener conciencia y poder de decicion sobre su camino entre el cielo opaco y la punta de un edificio (por dar un ejemplo), alla lejos, en la montania que hay enfrente, o en el horizonte que no veo, porque es tapado por decenas de montes.
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Y esto es solo lo que las palabras me permiten transmitir. Si es que llega algo a veces.
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