Hace tiempo es de mañana,
Cuando agarré el Kindle era de noche,
Puse el brillo bajo para no despertar a Katya,
Quiero que duerma y descanse,
Fui al baño sin prender la luz,
Luego a la cocina a tomar agua
'ayer comí muchas papitas' pensé
Ping ping la alarma del vecino desconocido, que ni los hormigones apagan. Escucho el portón abriéndose. Autos que aceleran, pienso si estarán llegando tarde, pienso en el mundo mobilizandose, poniéndose en marcha, entrando en combustión desde los primeros rayos e incluso pasando la medianoche. Mí viejo llevándome a la escuela los días de lluvia, llevándome a la facultad cuando la cursada era temprana. El pasaje por entre las vías y el hipódromo. Calle vieja y abandonada, sitiada por árboles que ya deben estar llenos de verdor.
Prefiero mucho más un auto eléctrico, al menos no me llamaría la atención cuando aceleran para salir del garage, o si se apuran mientras tienen en la cabeza una excusa genérica: 'me confundí de calle, y terminé en otro lado', después de todo de Meyrin al Balexert es un camino confuso, requiere experiencia para ser puntual. Eso o ser cauto con el tiempo y precavido y salir temprano, cosa que nunca pude hacer.
Ahora el silencio, los pájaros, algún zumbido y silencio.
Un auto cruzando la calle, cambiando la marcha.
Pienso en el camino de la montaña, en las hayas amarillando, en el amarillo pintado con acuarela, en los bordes de las hojas. En el ginko en otoño, el paseo del bosque en la plata antes de llegar al museo. De nuevo el sendero amarillento, contrastando, el musgo fresco y mullido, el pelo cobrizo y largo de mí gata, sus bigotes, ella caminando el sendero castaño, las cuestas y caminitos que se pierden y reencuentran, las piedritas, insectos camuflados.
Otro auto
Las vacas claritas con sus cencerros, las nubes trepando las subidas y volcándose pendiente abajo. Las cumbres en Taizhong, el hotel nocturno, y nubes que pasan, que muestran algunas casas lejanas, la sirena de niebla de un buque entrando en puerto madero, los remolcadores con defensas de cubiertas de coches, y de nuevo la niebla, Graubunden y el sonido de los cencerros viniendo más allá de la niebla.
Quiero y necesito café, café torrado con azúcar. De molienda fresca y reciente. Los olivares sacudidos por la brisa. Café con crema espesa, expreso con vapores ondulantes.
Sigo sin querer despertar a Katya, duerme profundo. Pero ya es la hora de levantar, voy a hacer café y luego seguiré editando y entretejiendo esto
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