Alhajero
No sé cómo supe su nombre, Blanc, cómo el monte, Supongo que llegue a él por mí buena intuición o memoria, El mozo descorchó de nuevo un espumantes de champagne, Y yo ahí parado, pensando en las burbujas, siempre en las burbujas, por qué concentran su salida todas de un mismo punto), Las chicas charlaban de cosas amenas, De cuestiones simples o banales que dan risa, Y más aún sumidos en el vórtice verborrágico del alcohol elegante De la elección selecta, del gasto excelentísimo expresado en dólares. Mientras estás señoras seguían hablando, cada tanto me miraban como para tener mí afirmación, Una mujer estaba a mí lado, alta, rubia, Lo primero que note fue su vestido de coctail amarillo, Luego su sonrisa, su pelo y piedras anguladas de adorno, Me preguntó algo que no entendí, Pero que tampoco podría haber entendido las: ala música estaba alta, y el mozo había traído una quinta botella ya. También noté que me estaba tocando la espada, y no solo tocando, sino a...