10 años
se siente bien contar algo de a diez.
ohzi tiene engine
sombreadores propios
texturas naturales,
binarias y mezcladas,
estoy en Cipolletti, pensando en los veranos de La Plata, los veranos en el patio de Tolosa. La Tolosa de las calles que no calientan, porque en sus veredas abunda el tilo, el plátano y también el fresco tipa. Pensando, sin el celular acompañante. Leyendo CVs, viendo portfolios, pensando en nombres de dominio. Entra Caro.
2009
I
Desde hace tres o quizás cuatro años los hombres no paran de desprenderse.
De desprenderse de mí, que les di vida, que les di cuerpo, que les di palabra.
Hombres los cuales se habían abrazado (idealmente) en la divagación mental para que mi alma tuviese estructura plena y no se pierda entre la inconsistencia y desestructuración de todas las cosas que el hombre llegar a captar de las partes del mundo.
Es decir que sirvieron de contenedores para la liquidez del pensamiento.
Se han venido abajo.
Se han roto, quebrado, han desaparecido, se han deformado, se difundieron, se estatizaron.
Y así como las hojas caen bailando desde las ramas en otoño, así mis hombres cayeron de mí y se colocaron en un terreno imaginario, en un estado eterno, en una tierra propicia a la ebullición y fundición de nuevos seres.
Así como para las formalidades urbanas-racionalistas pasan los días, las horas y los años en los relojes y almanaques, así en mí cayeron y se levantaron los hombres variándolo todo.
De este modo mi natural se asemeja al natural salvaje y el hombre deja de ser mármol vegetativo en la inconsciencia, y de esta misma forma , de la energía autónoma que guiaba mis pasos pasé a la conciencia (aunque tampoco tengo la certeza de que esto sea no un nuevo túnel).
De este modo la densa neblina fue atravesada por los rayos del sol. Este brillo ahora ilumina el desierto en donde me encuentro. Este desierto donde veo hasta el horizonte y aun allí no se levantan ni ciudades, ni hombres, ni lápidas, ni seres de realidad, siquiera realidad. Sólo el horizonte (que al fin y al cabo es el simbólico horizonte de nuestra humana percepción de las cosas) es lo que se distingue ante tanto caos de la nada. Al propicio orden de la nada.
2019
sabor a verano
medio sol en la pileta fresca
dulce licuado de banana
parcial sobra, es la vegetación tersa
ohzi tiene engine
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texturas naturales,
binarias y mezcladas,
estoy en Cipolletti, pensando en los veranos de La Plata, los veranos en el patio de Tolosa. La Tolosa de las calles que no calientan, porque en sus veredas abunda el tilo, el plátano y también el fresco tipa. Pensando, sin el celular acompañante. Leyendo CVs, viendo portfolios, pensando en nombres de dominio. Entra Caro.
2009
I
Desde hace tres o quizás cuatro años los hombres no paran de desprenderse.
De desprenderse de mí, que les di vida, que les di cuerpo, que les di palabra.
Hombres los cuales se habían abrazado (idealmente) en la divagación mental para que mi alma tuviese estructura plena y no se pierda entre la inconsistencia y desestructuración de todas las cosas que el hombre llegar a captar de las partes del mundo.
Es decir que sirvieron de contenedores para la liquidez del pensamiento.
Se han venido abajo.
Se han roto, quebrado, han desaparecido, se han deformado, se difundieron, se estatizaron.
Y así como las hojas caen bailando desde las ramas en otoño, así mis hombres cayeron de mí y se colocaron en un terreno imaginario, en un estado eterno, en una tierra propicia a la ebullición y fundición de nuevos seres.
Así como para las formalidades urbanas-racionalistas pasan los días, las horas y los años en los relojes y almanaques, así en mí cayeron y se levantaron los hombres variándolo todo.
De este modo mi natural se asemeja al natural salvaje y el hombre deja de ser mármol vegetativo en la inconsciencia, y de esta misma forma , de la energía autónoma que guiaba mis pasos pasé a la conciencia (aunque tampoco tengo la certeza de que esto sea no un nuevo túnel).
De este modo la densa neblina fue atravesada por los rayos del sol. Este brillo ahora ilumina el desierto en donde me encuentro. Este desierto donde veo hasta el horizonte y aun allí no se levantan ni ciudades, ni hombres, ni lápidas, ni seres de realidad, siquiera realidad. Sólo el horizonte (que al fin y al cabo es el simbólico horizonte de nuestra humana percepción de las cosas) es lo que se distingue ante tanto caos de la nada. Al propicio orden de la nada.
2019
sabor a verano
medio sol en la pileta fresca
dulce licuado de banana
parcial sobra, es la vegetación tersa
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