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Mostrando entradas de septiembre, 2009
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La brutal manifestación de esos días La astuta sinuosidad de las serradas Laderas de titánicos orbes Estruendos de piedras al caer Lejanías de tiempo y de espacios Florecimiento de manantiales gélidos La innumerable facciones de globos escondidos detrás de cada aparente inútil substancia de todos los lugares ¿Se justificará? ¿Qué se justificará? Lo que existe se justifica por sí mismo Y aquello que es correctamente justificado Existe. Los animales se justifican, Por el hecho de pertenecer, así también nuestra parte animal lo está. ¿Pero y nuestro humano? ¿Nuestro más adentro humano? ¿Nuestro humano de quemar y crear? ¿De amar-mentir-matar? ¿De guerra, de proyectil, de ciclo, ¿De tortura, de sangre, de símbolo? ¿Se justifica nuestra cárcel de las cosas? La cárcel del color amarillo es amarillo Y no del amarillo es color amarillo. Ni sé sí esta desperdigación de símbolos Es real., es justificable. Y ya está el fusil. Y la muerte. Pero la muerte es justificativa. Actuo en obediencia de...
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Luego de la Batalla de Caseros, de 1852, muchos de los integrantes de la Mazorca fueron enjuiciados y ejecutados en 1853. Para eximirlos de culpa, su abogado defensor Manuel Ugarte responsabilizó de todos sus actos a Rosas, alegando que en aquellos días nadie podía negarse a obedecer, estableciendo un antecedente a la doctrina de la obediencia debida. Me quedo más tranquilo. .... :´(
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I Desde hace tres o quizás cuatro años los hombres no paran de desprenderse. De desprenderse de mí, que les di vida, que les di cuerpo, que les di palabra. Hombres los cuales se habían abrazado (idealmente) en la divagación mental para que mi alma tuviese estructura plena y no se pierda entre la inconsistencia y desestructuración de todas las cosas que el hombre llegar a captar de las partes del mundo. Es decir que sirvieron de contenedores para la liquidez del pensamiento. Se han venido abajo. Se han roto, quebrado, han desaparecido, se han deformado, se difundieron, se estatizaron. Y así como las hojas caen bailando desde las ramas en otoño, así mis hombres cayeron de mí y se colocaron en un terreno imaginario, en un estado eterno, en una tierra propicia a la ebullición y fundición de nuevos seres. Así como para las formalidades urbanas-racionalistas pasan los días, las horas y los años en los relojes y almanaques, así en mí cayeron y se levantaron los hombres variándolo todo. D...